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CUEVAS
DE SAN ANTÓN
EL CONJUNTO
RUPESTRE MOZÁRABE DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE LA
CABEZA.
Por Bartolomé Nieto
González
Director
del Museo Municipal de Ronda.
La
Ermita Mozárabe de la Virgen de la Cabeza construida en el
siglo IX-X d.c., se localiza a unos dos kilómetros al
oeste de Ronda, en un saliente rocoso de paredes escarpadas, en
la margen izquierda del Río Guadalevin y a 640 m sobre el
nivel del mar, desde donde se puede divisar un espectacular
paisaje, confiriéndole al lugar un carácter
realmente mágico.
Antes
de proceder a la definición de éste importante
conjunto rupestre mozárabe abordaré,
sintéticamente, la historia de las investigaciones
arqueológicas allí desarrolladas y en las que
podemos distinguir dos fases bien delimitadas en el tiempo.
La
primera fase se proyecta desde 1.974 a 1.984, siendo desarrollada
por un equipo de investigadores, liderado por Don Rafael Puertas
Tricas, Director del Museo Arqueológico Provincial de
Málaga, quien a su vez extiende el estudio a las restantes
siete ermitas mozárabes documentadas en la provincia de
Málaga:
·
Ermita de la Oscuridad (Ronda).
·
Iglesia Rupestre de Bobastro
(Ardales).
·
Iglesia de los Hoyos de los
Peñones (Alozaina).
·
Conjunto Rupestre de Archidona
(Archidona).
·
Ermita de la Fuensanta
(Pizarra).
·
Iglesia Rupestre de Villanueva
de Algaidas (Villanueva de Algaidas).
·
Iglesia Rupestre de Coin (Coin).
En
cuanto al Conjunto Rupestre de la Virgen de la Cabeza se refiere,
las investigaciones se centran fundamentalmente en una definición
planimétrica detallada y una descriptiva de los diferentes
espacios y áreas funcionales que conforman el conjunto,
más que en una intervención arqueológica
propiamente dicha. Dichas investigaciones desembocan en la
publicación, por parte de D. Rafael Puertas del libro
titulado “Exploraciones en Iglesias Rupestres de Ronda”,
publicado por la antigua Caja de Ahorros de Ronda en 1.988.
La
segunda fase se desarrolla entre 1.997 y 1.998, dirigidas por el
que suscribe y complementarias a las ya iniciadas en 1.974 por
Puertas Tricas. Esta segunda fase es producto de los trabajos de
puesta en valor del conjunto rupestre, los cuales fueron
cofinanciados por el Excmo. Ayuntamiento de Ronda y la
Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía.
Amen de los trabajos de mejoras en el camino de acceso,
instalación de aseos, implantación de suministro
eléctrico, agua, limpieza general del sitio,
limpieza de graffiti en las paredes, consolidaciones de
estructuras murarias, restauración de solerías,
etc, se llevaron a cabo intervenciones de carácter
arqueológico tendentes a matizar la cronología del
conjunto, identificación de pavimentos de la época,
nuevos espacios de enterramientos, nuevas estructuras y
áreas funcionales.
En
cuanto a la matización cronológica, no localizamos
restos de cultura material que nos posibilitará concretar
más el abanico cronológico del siglo IX-X. A nivel
de pavimentos si pudimos determinar que en el ámbito de
las celdas, el suelo era la propia roca calcarenitica rebajada,
donde se identificaron hoyos de poste, para sujetar estructuras
de maderas vinculadas a camastros y estanterías. Del mismo
modo se localizaron hoyos de mayores dimensiones para la sujeción
sobre el suelo de recipientes cerámicos o de madera.
Así
mismo, pudimos comprobar la inexistencia de más criptas en
el interior del conjunto y si la localización en el
exterior de la zona de culto, de un importante silo de 2,5
m de diámetro para el almacenaje de grano, como se pudo
comprobar tras la localización de granos de trigo tostado.
De
la limpieza de las paredes, invadidas por graffiti modernos,
pudimos localizar restos de pintura mural en rojo en la nave de
la cripta, con motivos vegetales y figuras de monjes en posición
de rezo, que no se pueden adscribir a época mozárabe
y si a algunos de los eremitas que allí vivieron en
momentos posteriores y de los que existe constancia documental en
el siglo XVIII.
DEFINICIÓN
DEL CONJUNTO RUPESTRE.
La
Ermita Mozárabe de la Virgen de la Cabeza se excavó
y construyo a favor de una roca arenisca del Mioceno dispuesta en
estratos horizontales de unos 5 cms de espesor, alternados con
capas blandas de 1 cm de espesor, cuyos planos de separación
se utilizan como techo de las bóvedas de la Iglesia y así
impedir la caída masiva de fragmentos rocosos y mejorar la
estabilidad de la excavación.
En
el conjunto podemos distinguir tres áreas funcionales:
a)
Área de culto.
b)
Área domestica y de
habitación.
c)
Área productiva y de
aprovisionamiento.
Área
de culto.
La
iglesia propiamente dicha consta de una nave central orientada al
oeste y tres naves laterales perpendiculares a ésta, una
de ellas sacristía con pequeñas hornacinas para el
deposito de enseres litúrgicos, que emulan los pequeños
columbarios de época romana.
Excepto
el espacio destinado a la sacristía, todas las naves
presentan altares, y hornacinas superiores para el deposito de
imágenes religiosas. La nave principal además
dispone de un ábside incompleto excavado en la roca.
En
la segunda nave, próxima a la zona de celdas, se localiza
la cripta, a la cual se accede por una escalera de siete peldaños
que se abre en la zona central de la nave. Por sus pequeñas
dimensiones, más que un lugar propio para el
enterramiento, se trataría de un espacio vinculado al
deposito de reliquias. Del contenido de la cripta, no se ha
constatado evidencia material alguna, debido a los continuos
expolios, documentándose algunos de ellos en la segunda
mitad del siglo XVIII. No obstante podemos plantear, a falta de
la oportuna investigación arqueológica, que el
espacio destinado a enterramiento pudo localizarse en el exterior
del recinto, en la propia pared del escarpe, donde se esculpirían
nichos rectangulares para albergar la inhumación de los
monjes de la comunidad.
La
planta general de esta zona destinada al culto religioso
cristiano, bajo el rito mozárabe, pertenece según
Rafael Puertas al tipo de “Conjunto de Tres Naves
Principales”. Sus tres naves en disposición radial,
son de una gran monumentalidad, siendo de similares
características las de Coin. y Archidona. De todas las
iglesias documentadas en la provincia de Málaga, el
Conjunto Rupestre de Nuestra Sra. La Virgen de la Cabeza, también
denominada Cuevas de San Antón, es la de mayor dimensión.
Área
de Vivienda y Celdas.
Este
área y la iglesia se encuentran interconectadas, teniendo
su acceso por la nave de la cripta, por lo que no es necesario
salir fuera del recinto para ir de un área a otra,
indicándonos que nos encontramos ante un conjunto
organizado, donde todos los espacios configuran un todo, aislado
del exterior en lo material y en lo inmaterial.
Esta
zona se caracteriza por su austeridad. Tanto las celdas como el
pavimento fueron excavadas en la roca. Su mobiliario también
tuvo que ser ligero por no decir espartano, debiéndose
circunscribir a camastros de madera, pequeñas estanterías
de madera y algún que otro recipiente cerámico o de
madera, tal y como testimonian los hoyos de postes localizados en
el suelo y otros hoyos de mayor dimensión que servían
para sujetar los mencionados recipientes. Del mismo modo se
localizan en las paredes pequeñas repisas esculpidas en
las paredes de la roca para el deposito de objetos personales.
Desde
las celdas se accedía por diferentes puntos abiertos en la
roca a una amplia terraza en el borde del escarpe rocoso con
impresionantes vistas de Ronda y de la Hoya del Tajo. Un paisaje,
al menos hasta el siglo XII de tolerancia cultural y religiosa
(cristianos, judíos y musulmanes), porque justo al frente,
a dos kilómetros de distancia, florecía la ciudad
islámica de Ronda
Área
productiva y de aprovisionamiento.
A
esta zona se vincula una cuadra de pequeñas dimensiones
por lo que tuvo que albergar animales pequeños ( burros y
cabras para el aporte de leche), un pequeño lagar
para el autoabastecimiento de la comunidad monástica y un
importante silo excavado en la roca del subsuelo para el
almacenaje de grano, de hecho en su excavación
arqueológica se pudieron documentar granos de trigo
tostados, técnica de conservación del cereal en el
silo muy practicada en la antigüedad. Dicho ámbito se
localiza en el exterior de la zona de culto y se construyo
completamente sobre la roca.
La
comunidad monástica aquí instalada se regiría
por una economía de subsistencia con aportaciones de los
fieles que frecuentaban el conjunto religioso.
En
definitiva nos encontramos ante un monumento de los siglos IX-X,
deducción que se obtiene por paralelismo aportado por el
registro arqueológico documentado en la Ermita de los
Hoyos de los Peñones de Alozaina , localizado en el ámbito
rural, que albergo una comunidad monástica mozárabe
pequeña, de no más de 10 personas, usada por la
gentes cristianas de Ronda, en una época en la que en Al
Andalus la tolerancia cultural y religiosa no era un problema,
sino todo lo contrario. Será a partir del siglo XII con la
llegada de la tribus norteafricanas (Época Almohade),
cuando el clima de tolerancia desaparece, siendo también
el momento que interpretamos para el abandono del conjunto
rupestre por parte de la comunidad monástica mozárabe
y por tanto el uso cultual del recinto.
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Siguiendo la doctrina de Mahoma los musulmanes, al declarar la
guerra santa a los cristianos, debían obligar a estos a
escoger entre el Islam y la “chizía” o
“capitación”. Los que se sometían
voluntariamente mediante el “aman” o seguro, pasaban
a ser “dimmies” o “protegidos”, quedando
el Estado obligados a protegerlos. En este caso, conservaban sus
vidas y haciendas, pero siempre mediante el pago de la “chizía”,
además del tributo que se debía pagar por las
tierras, llamado “jarach”. Si los cristianos eran
sometidos por la fuerza de las armas, los hombres debían
ser muertos y las mujeres y los niños cautivados y sus
tierras pasaban al poder del Estado o de los conquistadores
Dentro de esta normativa impuesta por el indudable vencedor,
aunque no siempre aplicada, esa es la verdad con el mismo rigor y
contundencia, en lo tocante a los derechos civiles y políticos,
los cristianos españoles conservaron durante la dominación
sarracena, cierta manera de gobierno propio y si alteración
notable, la antigua condición de las personas. Podría
añadirse que la práctica del culto cristiano, según
las crónicas de la época y posteriormente, de
acuerdo con la mayoría de los estudiosos del Islam, nunca
fue prohibida, y las medidas dirigidas a impedir la expansión
del cristianismo de bieron ser observadas más
estrictamente en Córdoba que en el resto del al-Andalus.
Ibn Hawqal, geógrafo árabe que, según
escribe Roger Collins, viajó por España en 948,
cuenta que “un número importante de cristianos
indígenas, especialmente de los estratos inferiores de la
sociedad, sobrevivió en las áreas rurales y en
muchas ciudades provinciales durante el periodo omeya” y es
posible, aclara, incluso que constituyeran la mayor parte de la
población, a pesar del incremento del número de
conversiones al Islam y del asiento de los conquistadores, y que,
al menos en las áreas rurales, se habrían resistido
no sólo a la religión árabe sino también
a su cultura” Así, que, con seguridad, estos
complejos eremíticos –cuevas o refugios, como los
que motivan este trabajo—situados en las afueras pero
relativamente próximos a determinados núcleos
urbanos plenamente del dominio islámico, fuesen un
clarísimo exponente de tal disidencia con lo árabe,
y del noble empeño de una facción importante de
hispanos por aferrarse a una tenaz fidelidad a sus raíces
Institucionalmente, en las poblaciones mozárabes más
importantes había un “comes” o, conde, que
disfrutaba del gobierno, al que solían acompañar
otros funcionarios mozárabes, cuyos cargos fueron tomando
nombres árabes como “alcadí" (alcalde)
juez, o arabizados, como “almoxarife” o intendente de
hacienda, “almotacen”, o encargado de pesas y
medidas, “alarife”, o perito en edificaciones; con el
“alguacil”, autoridad que entendía en lo
criminal, y el “saib al-madina” que era un magistrado
en el que algunos historiadores ven la persistencia “defensor
civitatis” del bajo imperio, cuya función consistía
en cubrir los delitos que escapaban al ámbito de lo
religioso. “Una serie de vigilantes –escribe Collins-
patrullaban las calles por la noche tratando de evitar la
delincuencia nocturna pero, al parecer, los asesinatos eran
frecuentes en el al-Andalus.
En cuanto al ejercicio de la religión, al principio de la
conquista no experimentaron los mozárabes grandes cambios.
Por lo demás, en tiempos normales los cristianos podían
concurrir públicamente a sus iglesias, tocar las campanas,
salir con cruz alzada a enterrar a los muertos y retirarse,
libremente a los florecientes monasterios de monjes que en
número, no escaso, existían en la Península
Ibérica. Pero estos privilegios, obtenidos por los
españoles en virtud de las primeras capitulaciones, fueron
paulatinamente desapareciendo a medida que el poder musulmán
se fue consolidando. Únase a esto las grandes ventajas que
lograban los que islamizaban, lo que bien incitaba a la
conversión, al menos de cara a los que vacilaban ante las
presiones del entorno de los vencedores.
Durante el gobierno de los primeros gobernadores, los mozárabes
apenas sufrieron otra persecución que el despojo de las
haciendas o el aumento de los tributos. Encontraron, sin embargo,
mandatarios, como Abdelaziso Alhor, que hicieron justicia a sus
reclamaciones y aún se sirvieron de ellos para conservar
la paz, tan frecuentemente perturbada entre las tribus
mahometanas. Al fundar, en el año 756, Abderramán
su emirato, reconoció que necesitaba del elemento
cristiano, que, en realidad, superaba al musulmán por su
civilización y cultura, por lo que concedió
crecidas indemnizaciones para compensar las iglesias destruidas.
Por ejemplo, en 784 compró y pagó a los cristianos
el resto que quedaba de la iglesia de San Vicente, iglesia
dedicada al principal mártir de la ciudad y que se hallaba
dividida para su uso, de tal modo, que los musulmanes ocupaban la
mitad de ella, utilizándola como mezquita. Al final,
mediando, al parecer, un completo acuerdo incruento, San Vicente
fue empleada para construir el inicio de la famosa mezquita
cordobesa, a la vez que los cristianos obtenían el permiso
para construir una nueva iglesia en el lado opuesto del
Guadalquivir. Por supuesto que dos religiones y dos culturas
opuestas poseídas por dos etnias diferentes, además
con una de ellas investida de los derechos del vencedor y otra
sufriendo los avatares del derrotado, no podían disfrutar
a perennidad de unas relaciones estables de forma continua. Así,
reinando Alhaquen, a principios del siglo IX, mozárabes y
muladíes se sublevaron en varias ocasiones en Mérida
y en Toledo; siendo esta última ciudad teatro de la famosa
matanza del “día de la hoya”, que costó
la vida a 5.000 españoles.
Abderramán II, que según Ibn Alcutía,
presenció esta horrible matanza siendo aún
príncipe, siguió al pie de la letra –según
Dozy- el consejo del califa Omar, que había dicho:
“mientras dure el islamismo, nosotros debemos comernos a
los cristianos y nuestros descendientes a los descendientes de
los cristianos”. Mas en realidad, de una manera drástica
y cruenta la tolerancia musulmana sólo se interrumpió
durante algunos años: y esto fue, principalmente, como
consecuencia de la provocación de un grupo de mozárabes
exaltados, que bien conscientes de que toda injuria pública
contra Mahoma o el Islam era castigada con la pena de muerte,
desafió a las autoridades cordobesas en busca de martirio,
para abrir un pozo entre musulmanes y cristianos, a fin de que se
impidiera el avanzado estado de confraternización y
arabización de los segundos. De hecho, insisten las
crónicas, que los mozárabes gozaron de una
amplísima autonomía interna: eran administrados por
la dicha figura del conde, cuyo nombramiento en Córdoba,
recayó hasta el siglo X en uno de los descendientes de
Witiza, al cual se le dio preferencia sobre los demás
“comes” y recibió el título de “conde
de al-Andalus”.
También
la justicia entre cristianos se administraba según propias
leyes y los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el
llamado “exceptor”. Los rectores de laa facción
reaccionaria contra el estado de cosas, fueron Eulogio y Alvaro,
ambos discípulos del abad Sperandeo. Y el primer mártir
de tal movimiento fue un sacerdote cordobés llamado
Perfecto, acusado de hablar mal de Mahoma, en el año 850 y
el último, anónimo, en 864. También un joven
de familia noble se presentó al cadí haciendo
profesión de fe y fue degollado.
El total de mártires fue de 51 Se sucedió luego una
cadena de sacerdotes, monjes y doncellas que voluntariamente se
ofrecieron al martirio. Los emires utilizaron diversos
procedimientos para solucionar la aguda crisis sin recurrir a las
ejecuciones. Y en ciertos casos, consideraron a los candidatos al
martirio como locos, condenándolos a penas menores, aunque
infamantes.
Hasta tal punto
llegó la extremosa situación que, alarmado
Abderramán, hizo que se reuniese en el año 852 un
concilio presidido por Recaredo, arzobispo de Sevilla, con el
propósito de, siguiendo los deseos del sultán, de
condenar a los mártires con el fin de abortar la
proliferación de los martirios, cosa que se hizo con la
sola oposición de Saulo, obispo de Córdoba. No
obstante, con Muhammad I aunque siguieron los martirios, aumentó
la persecución incruenta, siendo despojados los cristianos
de sus cargos públicos. Estos acontecimientos tuvieron un
gran eco en Francia, y fueron varias las misiones de monjes de
allí que acudieron a Córdoba en busca de reliquias,
aunque muchos mozárabes emigraron a los estados cristianos
del Norte, en los cuales fueron de gran valor para la repoblación
de las tierras reconquistadas.. De la época de
Muhammad I, Almondir (éste murió en 888 ante la
fortaleza de Bobastro) y Abdallá, fue la rebelión
de Omar ben Haffsun, que volviendo a la religión católica
--que había sido la de sus mayores-- llegó a
dominar gran parte de Andalucía. Es tradición que
Hafsum había nacido en la alquería de Auta, donde
la actual villa serrana de Parauta, cercana a Ronda.
La hija de Omar se sumó, a su vez, a la nómina de
los mártires del cristianismo siendo santificada con el
nombre de Santa Argentea. Sería que una vez destruido
Bobastro por las huestes de Abderraman II, fue conducida a la
corte Omeya, donde tras largo suplicio, fue decapitada el 13 de
mayo de 931. Es tradición, actualmente controvertida por
algunos historiadores, que sus restos reposan en la iglesia de
San Pedro de Córdoba. En la época de los Taifas,
con muchos soberanos tributarios de los reyes cristianos, debió
mejorar la condición de los mozárabes. Entonces
tuvo lugar, en 1085, la conquista definitiva de Toledo por las
armas cristianas, conquista a la que, no poco, contribuyeron los
numerosos mozárabes que en la ciudad habitaban, a los
cuales concedió Alfonso VI un amplísimo fuero con
singulares privilegios.
Con
la invasión de los almorávides, a finales del siglo
XI, comenzó una nueva era de persecuciones para la tan
disminuida población mozárabe. Y un número
considerable de guerreros bárbaros y en extremo fanáticos,
intentaron hacer desaparecer a todos los cristianos de sus
dominios.
Agobiados por la
persecución, los mozárabes granadinos pidieron
socorro al rey de Aragón, Alfonso I El Batallador, que
poco antes había conquistado Zaragoza. El Batallador bajó
con numerosas huestes por Valencia donde se le unieron muchos
mozárabes de aquel reino, se acercó a Granada, y
descubierta la conspiración y temerosos los cristianos de
la venganza de los almorávides, rogaron al rey
aragonés que los admitiese en su compañía y
se le juntaron más de 10.000 que le siguieron hasta sus
Estados, recibiendo además privilegios y franquicias
muy honrosas. Los que no quisieron o no pudieron seguir al rey
fueron deportados a Africa, siendo muchos millares de
cristianos, con su clero y obispos, los que llegaron a
establecerse, al parecer, en Mequinez y Fez. Allí, los
varones fueron alistados para contener a los almohades que
amenazaban ya el imperio almorávide, y su valor los hizo
muy estimados del sultán, que acabó dando al
caudillo de los cristianos, el catalán Revertes, el mando
de todas las tropas de su Imperio.
Triunfaron al fin los almohades, y algunos miles de estos
mozárabes regresaron a España hacia 1150 y se
refugiaron en Toledo. Poco después tuvo lugar la última
persecución de los cristianos, con el decreto del sultán
de los almohades, Abdelmumen, mandando bajo pena de la vida que
todos los cristianos y judíos que no quisieran islamizar
saliesen de sus estados dentro de cierto plazo. Muchos de estos
emigrarían a los reinos de Castilla, Aragón y
Portugal, mientras que otros se convertirían al Islam,
aunque no fuese más que externamente.
En algunos casos los mozárabes conservaron sus conventos
(por ejemplo, los de Guadimellato y Tábanos, en las
cercanías de Córdoba) y en algunos instalaron
cantinas para que los musulmanes pudieran beber vino sin alterar
el orden público. El vino de los conventos estaba
considerado como el de mejor calidad de la España
musulmana. De cualquier forma, hasta donde llegaba el rigor
prohibiendo el uso y el disfrute del vino en el islam, tenemos el
testimonio del historiador árabe al-Maqqari que
autentifica la imposición de la pena de muerte al ladrón
de uvas. La población cristiana sometida a la dominación
del Islam no perdió su habla románica. No obstante,
con el tiempo y la mayor desvinculación del norte de la
Península Ibérica, el mozárabe conservó
un carácter más arcaizante y luego, a medida que la
reconquista avanzaba, el habla de los reconquistadores fue
absorbiendo al utilizado por los mozárabes. Parece que en
realidad bajo el nombre de mozárabe no debe entenderse una
lengua unitaria común sino más bien un conjunto de
dialectos más o menos heterogéneos, y no se conoce
documento alguno escrito en mozárabe. Las fuentes para su
estudio se reducen a las citas en aljamía de algunos
escritores árabes, a diversos glosarios latino-árabes,
a los topónimos y a ciertas composiciones amatorias
(jarchas).
Para los árabes
que vivían en España “aljamía”
--que en general significaba lengua extranjera--, era la lengua
castellana. También quería decir, castellano
escrito con caracteres arábigos.” Algarabía”,
era el nombre que los cristianos daban a la lengua árabe
en tiempos de la reconquista. Por otra parte, hay que valorar la
permeabilidad de las fronteras entre árabes y cristianos
(piénsese en la figura de los jueces fronterizos,
personajes nombrados por árabes y cristianos que tenían
facultades como mediadores en los litigios fronterizos surgidos
entre ambas religiones). Normalmente, las fronteras no fueron
unas fronteras de cruzada. Al contrario, se trataba de una
frontera donde los cristianos, con una notable carencia de
hombres, se aliaban a menudo con los jefes musulmanes, mientras
que, al mismo tiempo, los mantenían bajo sistemas de
“proteccionismo” para obtener el oro que tanto
deseaban.
Abd Allah, el rey
de la taifa de Granada, describe los pensamientos del rey Alfonso
VI (que conocía a través del conde mozárabe
Sisnando Davidiz) cuando le fue propuesta una alianza militar con
el taifa de Sevilla, destinada a la larga contra Granada:
“¡Aquí tenemos un buen negocio del cual es
imposible que yo no saque algún provecho aunque la ciudad
(Granada) no caiga ¡ ¿Pero qué ganaré
yo por tomar Granada de uno de ellos y dársela al otro que
así tendría más fuerza para oponerse a mí
¿ ¡Cuanto más inquietud y rivalidad haya
entre ellos mejor para mí!”
Durante un corto periodo de tiempo después de estallar la
anarquía en al-Andalus en 1009, los príncipes
cristianos habían pactado con los príncipes
musulmanes la prestación de un determinado apoyo militar a
cambio de dinero. Pero pronto empezaron a pedir más y,
utilizando la amenaza de guerra, impusieron tratados a los
musulmanes en los que estipulaban la entrega de cantidades
determinadas de dinero, las llamadas “parias”, que
debían pagarse anualmente y en plazos regulares. Estas
parias llegaron a formar una parte esencial de las rentas de los
magnates cristianos quienes, aunque no tenían ejército
suficiente en la época para una reconquista, podían
utilizar la amenaza de guerra como palanca para inducir a los
musulmanes, que pagaban las parias, a que elevaran las cantidades
concertadas. El contenido de las parias era citado en los
proyectos matrimoniales, donaciones piadosas y alianzas
políticas. Y los cristianos incluso incluían las
parias en los testamentos. Por ejemplo, Fernando I de León
y Castilla (1037.1065 distribuyó sus reinos y parias entre
sus hijos de la siguiente manera: Sancho recibió Castilla
junto con las parias de la taifa de Zaragoza: dio a Alfonso el
reino de León y las parias de Toledo, y García
recibió Galicia y las parias de Sevilla y Badajoz.
Esta “tolerada” confraternización, con los
continuos viajes de monjes entre al-Andalus y los estados
cristianos, explican, sin ninguna duda, la aparición
de conocimientos científicos de origen oriental en la
Marca Hispánica, concretamente en Ripoll durante la época
del califato; la introducción del astrolabio y de los
primeros tratados de matemáticas y geometría se
realizó allí mediante traducciones de textos árabes
al latín por clérigos de distintas procedencias,
incluso no catalanes. Desde Ripoll pasaron estas versiones a los
cenobios de Lorena y al resto de Europa en el siglo XI.
Como una consecuencia de esta correlación cultural, a
partir del siglo X la política cultural y científica
de los estados musulmanes cambió de forma notable ya que
si, hasta ese momento la colaboración de los
investigadores de las tres religiones fue un hecho común,
en el siglo XI recomendaron a sus súbditos que no
vendiesen libros a los cristianos, pues éstos los
traducían y los atribuían a sus clérigos.
Una de las manifestaciones artísticas de los cenobios
mozárabes serían los famosos “beatos”,
prodigiosos manuscritos ilustrados, hoy deleite de cuantos aman
la obra de arte. Es célebre el denominado “Beato de
Liébana”, conteniendo versiones con comentarios
de la Apocalipsis de San Juan.
ARQUITECTURA
MOZARABE
En este punto, para empezar, quizá sería
conveniente establecer unas diferencias concretas entre dos
conceptos arquitectònicos que tienden a confundirse, a
saber el de mudéjar y el mozárabe. Conceptualmente,
el mozárabe (del árabe “musta´rab”,
el que imita a los árabes) es el arte constructivo de los
cristianos que después de la ocupación musulmana
siguen conservando su religión y sus iglesias,
generalmente marginadas en el espacio próximo a las urbes
musulmanas. Los nombres con que los árabes designaban a
los cristianos eran diversos: “muahid”, confederado;
“ily”, cristiano y renegado; “ayami”,
extranjero. Pero la designación más frecuente y
que permaneció es la de “mozárabes”,
derivada probablemente del árabe “mustarib” o
“musta´rab” En realidad, la cultura de la
comunidad cristiana islamizada era, como sabemos, en principio
muy superior a la de los invasores y vivían en grupos
aparte conservando su administración municipal y judicial.
También conservaron el latín vulgar pero, a su vez,
por pura necesidad, aprendieron el árabe, que llegaron a
dominar con perfección. Por el contrario, los mudéjares,
fueron los hispanos arabizados que mantuvieron unareligión
y unas maneras orientales, una vez terminada la conquista por los
cristianos. También, por otra parte, ambos conceptos están
separados en el tiempo al menos por dos siglos: el mozárabe
fluye entre los siglos nueve y trece y el mudéjar entre
los siglos once y dieciséis. Y, por último, el
mozárabe constituye una arte constructivo, mientras que el
mudéjar no es sino un arte decorativo que, generalmente,
va unido a unas formas constructivas concretas con una aportación
muy importante y peculiar como son los artesonados. Así,
románico-mudéjar; gótico-mudéjar;
etc...constituyendo el arte español por excelencia con una
repercución y vigencia que llega hasta nuestros días.
Los monasterios mozárabes
fueron centros de irradiación cultural, que en el campo
del arte se proyectó sobre todo, como hemos citado, en la
iluminación de manuscritos. Las influencias europeas
(especialmente carolingias) y orientales se refundieron en los
“scriptoria” mozárabes, con un espíritu
de gran originalidad. En la actualidad esta miniatura está
considerada como una de las más valiosas y singulares
escuelas de todas las que en su especialidad produjo el arte
medieval. La mayor parte de la producción de los
miniaturistas y calígrafos mozárabes (algunos de
nombre conocido, como Magius y Florencio) consistió en
ejemplares ilustrados del “Comentario al Apocalipsis”,
del dicho Beato de Liébana: es decir, los llamados
“beatos”.
La
característica más señalada de las iglesias
mozárabes, en las que elementos de tradición
visigótica se combinan con influjos musulmanes, es el arco
de herradura (más cerrado que el arco de herradura
visigótico). Los capiteles son de tipo corintio,
interpretado generalmente con ruda estilización. Las
cubiertas son por lo común de madera, pero utilizan
también la bóveda de cañón, la
esquifada sobre arcos, la cúpula de gallones etc.. Aparte
de la característica de carecer de fachada, con una puerta
de acceso que es una simple abertura, casi siempre de forma
rectangular y normalmente orientada al sur o en el muro derecho,
la construcción mozárabe huye normalmente de los
espacios longitudinales y muestra una tendencia al espacio
compartimentado, tendiendo a cerrarse formando unidades
múltiples. Es decir, buscando los ejes quebrados, como si
el temor a los espacios prolongados fuera siempre la pasión
de los arquitectos mozárabes. Se acentúan las
formas cortadas, cuadriculadas, cerradas, sin perspectivas
horizontales y nacen lo se espacios perpendiculares un tanto
laberínticos, cueviformes y mágicos. Fernández
Arenas escribe: “Los monjes construían sus propios
monasterios. Eran canteros, arquitectos, escribas y la obra
concluida tendría que ser naturalmente el resultado de un
espíritu común, no sólo en lo funcional,
sino también en la expresión de las formas. El
sistema de cubiertas fue el abovedamiento por unidades
espaciales, abovedamiento que se encuentra invariablemente en
todos los espacios absidiales o capillas de cabeceras.”
EL
MOZARABE ANDALUZ
Aunque en textos supuestamente válidos de arte de hace
unas décadas se especificaba que los restos de las
construcciones mozárabes andaluz se limitaban a las ruinas
de Bobastro, estudios recientes de Puertas Tricas han estudiado,
solamente en la provincia de Málaga, los testimonios de
Alozaina, Coín, Archidona, Pizarra, y Villanueva de
Algaidas, y, principalmente, las de Ronda; Virgen de la Cabeza y
de la Oscuridad. Y habría que añadir otra
importante: la llamada “Casita de Piedra”, un
eremitorio claramente mozárabe, situado en las afueras de
la localidad de Cortes de la Frontera, con una fecha grabada en
el exterior, probablemente de una reocupación tardía,
que a veces han confundido sobre su naturaleza y datación.
Esta escasez de vestigios
arquitectónicos, no es absolutamente cierta, a pesar de lo
que escribía Fernández Arenas insistiendo en la
nula persistencia de lo mozárabe en el sur de la
península, aún salvando, como vemos, los lugares de
eremitas: “Andalucía, donde el mozarabismo tuvo su
primario y más auténtico origen, no nos muestra
sino una sola construcción. No ha de extrañar este
hecho sabiendo que una de las mayores glorias del terrible
Almanzor fue el de no haber dejado un templo cristiano sobre el
suelo peninsular. Sólo aquellos que por su posición
retirada, debido a ser convento de eremitas, y por su
construcción sólida, resistieron al furor
destructivo de las veloces huestes del musulmán, Así
pudieron salvarse, en el centro y norte de España, algunas
iglesias mientras que en Andalucía y Levante, se
destruyeron todas. Unicamente la de Bobastro, excavada en la
roca, se avanza en el territorio andaluz.
La plaza de Bobastro, que fue la residencia y fortaleza habitual
del terrible batallador mozárabe Ibn Hafsun, fue rendida y
arrasada en 928 después de casi 50 años de heroica
resistencia. La iglesia, comenzada a finales del siglo IX, quedó
sin terminar y en este estado se ha encontrado con las nuevas
excavaciones. Insistamos en que Hafsun, desde siempre
considerado de origen rondeño, --posible originario del
dicho lugar de Auta, en el paradisíaco valle del Genal en
el entorno de Ronda-- fue el personaje que con sus disensiones
primero, y luego haciendo alarde de belicosidad y valor, puso
muchas veces en extremado peligro el emirato musulmán, a
la vez que reafirmaba la tenaz presencia de la base cristiana de
la península, una de las patas que constituiría la
mezcla étnica – cristianos, musulmanes, judíos--
de la que se componía ya la España emergente, con
posterioridad a la invasión, o invasiones que se fueron
sucediendo a partir de la batalla del Guadalete en el 711.
EL
MOZARABE RONDEÑO
La zona de estudio, después de la publicación clave
de Rodríguez Martínez; a saber, su estudio
geográfico sobre la Serranía rondeña, se
sitúa geológicamente en el área Subbética
de la Cordillera Bética, dentro de materiales del
Terciario superior de la depresión de Ronda. Así,
el rasgo morfológico más significativo de esta zona
es el intenso encajamiento de la red fluvial en el contexto de la
mesa sobre la que se sustenta la ciudad, como lo demuestra el
famoso Tajo de Ronda, donde se diferencian dos partes
distintas.
En primer lugar,
se trata de un cañón u hoz abierto por el
Guadalevín (llamado también Grande) en la dicha
mesa que sirve de asentamiento espectacular al urbanismo de Ronda
dividiéndolo en dos partes disimétricas.Esta
garganta, estrecha y profunda, alcanza medio kilómetro de
longitud y un centenar de metros de profundidad. La anchura
máxima, de unos 50 metros, se ofrece a la vista al final
de la hoz en el “Puente Nuevo”, --un distintivo, por
otra parte, de las calidades monumentales de la ciudad--, a
partir del cual comienza el segundo elemento. Consiste en un
enorme murallón, debajo del cual se abre una hondonada
circular de unos 750 metros de radio, cerrada al Sur por un nivel
mioceno donde se encuentra la Virgen de la Cabeza, y que en su
conjunto se conoce como el “Asa de la Caldera”.
Torres Balbás redondea la descripción de este
insólito emplazamiento de la ciudad: “El enorme
peñasco calizo, cortado a pico sobre el valle en gran
parte de su contorno, tiene al norte el tajo del Guadalevín,
gigantesco foso natural de un kilómetro de longitud y más
de cien metros de profundidad. A poniente, las cortaduras de la
peña bastan para la defensa. A levante, la altura de la
peña no es tan grande, y basta para reforzarla una muralla
torreada. Hacia el mediodia, está la entrada natural, y
para defenderla se erigió fortísimo castillo”
LA
ERMITA MOZARABE DE LA VIRGEN DE LA CABEZA.
Al referirse a la iglesia mozárabe de la Virgen de la
Cabeza, el historiador Moreti la cita como “Nuestra Señora
de la Cabeza, antes Cuevas de San Antón, extramuros de la
ciudad”: “Poco nos han dicho de este sagrado lugar,
los que nos trasmitieron algo sobre las antigüedades de
Ronda en los primeros tiempos de la reconquista, pues, el Sr.
Naranjo que escribió por los años de que hice
relación anteriormente, nos dice que no deja de ser
notable la cueva de San Antón: abierta a fuerza de pico y
almainas, en una roca viva, sin extenderse en más
explicaciones.” “Ahora sí –continua
Moreti—el Sr. Rivera Valenzuela, que escribió sus
opúsculos por los años 1766, es quien nos dice que
existían unos ermitaños denominados “solitarios
de Gregorio López”, que daban culto –dice--a
la milagrosa imagen de la Cabeza “En el libro de Cabildos
de Srs. Beneficiados que empieza en el año de 1759, folio
467, he visto que por acuerdo celebrado el día 19 de abril
de 1784, se dispone que acompañada de dos Regidores
del Ayuntamiento, se traslade en un coche la imagen de Nuestra
Señora al Convento de San Francisco, para traerla
procesionalmente desde allí a la Iglesia Mayor”
Después, sólo sabemos que por los años 1794
a instancias del Sr Vicario de esta ciudad, acompañado de
otras personas de respeto, se organizó una Hermandad, a
cuyo cargo quedó el cuidado y culto de Nuestra Señora,
acaso por haber fallecido todos los hermanos ermitaños,
cuyas constituciones aprobó el Sr. Obispo de Málaga,
don Manuel Ferrer y Figueredo. Mas, comoquiera que la cueva
sufrió poco después algunos derrumbamientos, se
hizo preciso trasladar la venerada imagen a esta ciudad,
depositándola en el convento de Santa Isabel. Pero la
invasión francesa, o no sé qué otras causas
pudieron contribuir a ello, es lo cierto que la hermandad vino a
reducirse a tales términos que bien podía decirse
había dejado de existir; hasta que el Marqués de
Salvatierra, el Sr. don Gaspar Atienza natural y vecino de Ronda
encontró por fortuna el antiguo libro de institución
de la Hermandad, y pudo con su acreditación reorganizarla
en 1850. Posteriormente, Rafael Atienza y Huertos, otro ilustrado
Salvatierra, consiguió que dicha Hermandad obtuviese el
título de Real con que se vio honrada el 14 de abril de
1858. La
iglesia rupestre de la Virgen de la Cabeza, formando parte, como
hemos visto, de los fastos religiosos de la ciudad, con el
acendrado culto a la Virgen, solemnes romerías y la
celebración de otras devociones, multitudinarias y con
carácter periódico, está constituida por una
masa arenisca de grano grueso, de color blanco amarillento con
pátina gris, con abundancia de fósiles marinos, que
en gran parte han sido destruidos por el largo transporte a que
fueron sometidos. Recientemente, el Ayuntamiento bajo la
dirección del arqueólogo Municipal, Bartolomé
Nieto, ha efectuado importantes y necesarios trabajos, sobre su
estructura y pavimentos descubriendo el suelo original, limpiando
las paredes del acendrado y continuo “vandalismo literario”
y urbanizando los accesos al monumento.
El director del Museo de Málaga, el doctor Puertas Tricas,
explica que desde un punto de vista topográfico y
geográfico, esta iglesia podría considerarse una
iglesia suburbana por su relativa proximidad a la
ciudad,añadiendo que “su magnífica
perspectiva visual con relación a Ronda, fue tomada, sin
duda, como punto de referencia urbanístico. A la vez por
su especial situación, pudo tener también en sus
proximidades algún asentamiento rural de gentes que
practicaron la agricultura y, quizá de un modo más
intenso, la ganadería. La iglesia pudo servir, por tanto,
para gentes de los alrededores, además, al servicio de una
comunidad monástica y, en menor escala, para gentes de la
propia Ronda” Dejando aparte la actual ermita moderna,
remozada y primorosamente cuidada, por la Hermandad de la Virgen
de la Cabeza, adosada al conjunto monumental, la iglesia mozárabe
propiamente dicha, consta de una “nave central” y
tres naves laterales. Y siguiendo esas características del
arte mozárabe estas naves no están paralelas a la
central sino “perpendiculares” a ella. Es decir
que desembocan a ella. Así, su interior se mantiene fiel a
los postulados de tal arquitectura mozárabe en cuanto a la
complejidad del trazado y a la dicha búsqueda de los ejes
quebrados. En los estudios técnicos de Puertas Tricas,
constituiría un conjunto con una superficie total de
272’02 m2, divididos en los 156’36 del templo y
los 115’66 de las viviendas y anexos. Como síntesis
de su distribución espacial tendríamos: La Nave
Central, que presenta una planta ligeramente trapecial con sus
caras orientadas según los rumbos O.NO, E.SE, S.SO y N.NE
y con unas dimensiones respectivas de 5´25, 4´60,
12´40, y 12´40 metros. La Nave del S.SO o Lateral
izquierda, con una planta también trapecial y que contiene
un altar en forma de hornacina. Alberga el arco que se comunica
con la Nave Central. El lado orientado al O.NO. está
formado enteramente por una pared rocosa de 5.90 metros, a la
cual y en toda su longitud se encuentra adosado un banco de
fábrica de 0´40 m. de ancho. La Nave Secundaria del
Norte alberga la sacristía. El vano que comunica esta nave
con la central, mide en el umbral mide 4¨35 metros. La Nave
del Norte o Lateral Derecha. tiene una longitud de 9´25 m.
y se abre al lado N.NE de la central por un vano que tiene 2´10
m.. En esta nave, un escalón marca el comienzo de la zona
dedicada al altar, con una escalera con cuatro peldaños.La
planta de la zona destinada al altar, separada del resto por el
escalón citado, tiene igualmente una forma
trapecial.
Justamente debajo de
la zona del altar se encuentra una cripta, a la que se accede por
una escalera de 7 peldaños y cuya planta presenta tres
partes. Esta somera descripción—siempre según
el estudio del profesor Puertas-- comprende la parte dedicada al
culto. Zona de habitaciones monásticas. Esta zona arranca
de uno de los vértices de la nave central y su eje
longitudinal es una línea quebrada, pero, con una
dirección media sensiblemente Sur-Norte. Los primeros
siete metros de dicho eje longitudinal, son un pasillo de forma
irregular comprendido entre las caras externas del lado más
occidental de la ermita de nueva fábrica y las del más
oriental de la nave que alberga la cripta ya descrita. Aún
prosigue este pasillo otros 4´50 metros siendo su pared más
occidental la parte externa de los núcleos rocosos que
conforman el lado oriental de la zona dedicada a altar de la nave
de la cripta Ahora, la parte oriental está compuesta por
núcleos rocosos aislados entre sí. Estos núcleos,
dos de ellos también en forma de trapecio, en conjunto
disimétricos, alojan a tres habitáculos de
diferente tamaño Existen otras estancias de servicios
comunes. Bajo el punto de vista de la belleza panorámica
habría que destacar los exteriores del eremitorio,
columpiados sobre las perspectivas de la ciudad de Ronda. Y
existe en uno de estos miradores, un pequeño habitáculo
con una gran cruz latina grabada hondamente en su frontal,
que normalmente no entra en las descripciones del recinto, pero
que bien pudiera ser, o una celda de aislamiento, voluntario o de
carácter disciplinario, al servicio de la comunidad, o
acaso un depósito de cadáveres previos a su
inhumación.
LA
IGLESIA DE LA OSCURIDAD
Dentro del estudio comparativo que hace Puertas Tricas de las
iglesias rupestres de la provincia de Málaga, la llamada
de la Oscuridad de Ronda, sería con la de Bobastro, en las
Mesas de Villaverde, una de las dos con cabecera triple.
Igualmente, ateniéndonos a este estudio, con tres naves
principales tendríamos las de la Cabeza en Ronda, la de
Coín y la de Archidona. Y de nave única serían
las de Alozaina, Pizarra y Villanueva de Algaida. También
y pendiente de un estudio adecuado, como de nave única
estaría la de Cortes de la Frontera, como hemos dicho,
conocida actualmente en el entorno de su ubicación como
“La casita de piedra”.
El conjunto de la Oscuridad está compuesto por un gran
espacio o nave central comparable a un rectángulo de
dimensiones 10 X 8, con sus lados mayores orientados a N. y S. Y
los menores a E. y O. Por el lado Sur de este rectángulo
se abren los vanos de comunicación con el exterior.
Actualmente, subsisten dos pilares rocosos que dan paso a un
crucero tripartito y a una cabecera con tres ábsides que
nos indican que nos encontramos ante una iglesia basilical. La
iglesia consta de un anexo intercomunicado, con dos cavidades
situadas a distinto nivel, que han debido servir de necrópolis,
hoy totalmente saqueadas. En total registra unas dimensiones
totales de 197.10 m2, de los cuales 145.50 m2 corresponderían
a la iglesia y 51.60 m2 , a los anexos. Desde el punto de vista
topográfico, nos encontramos ante una iglesia claramente
suburbana, y por lo tanto muy próxima al casco de la Ronda
medieval. Hoy, el conjunto está totalmente integrado en el
urbanismo de la ciudad.
Según
el Prof. Puertas, teniendo en cuenta su nave central, se podría
pensar que se trata de una iglesia simple y relacionarse con
iglesias como las de Alozaina, Villanueva de Algaidas y Pizarra.
Sin embargo, los pilares rocosos, el crucero tripartito y la
cabecera con los tres ábsides, podrían ser
relacionables con la iglesia de las Mesas de Villaverde
(Bobastro). Luego, hay que tener en cuenta que la superficie de
la iglesia está ocupada en tres cuartas partes por la zona
litúrgica o cultual, y que la zona de habitación
sólo pudo albergar a un reducidísimo número
de eremitas. También se puede pensar que se trata de una
iglesia que sirviera a la comunidad mozárabe de Ronda para
todo tipo de funciones: quizá parroquiales, cementerial,
etc., con lo que se pregunta Puertas Tricas, si no podríamos
encontrarnos ante la principal o ante una de las principales
iglesias de la Ronda medieval. La cronología queda
apuntada como de los siglos IX o X, si bien no se descartaría
ni un origen eremítico anterior, ni una perduración
posterior. De acuerdo con estos valiosos estudios, el
mozárabe rondeño estaría constituido por dos
iglesias rupestres: la de la Virgen de la Cabeza, en un área
suburbana de la ciudad, y esta de la Oscuridad, en su origen,
relativamente alejada del casco urbano y en la actualidad
plenamente integrada ya en el mismo, en la barriada conocida como
Las Peñas, al Noreste de Ronda.
Francisco
Garrido De la Real Academia de San Telmo
BIBLIOGRAFIA
BASICA -R.Dozy.- Levi-Provencal- ”Histoire des
Musulmanes d’Espagne”. Leyde 1932 -Rafael
Puertas Tricas.”Un asentamiento mozárabe en la zona
de Alozaina”. Málaga 1982. -Rafael Puertas
Tricas. “Exploraciones en iglesias rupestres de Ronda”
Málaga 1988. -Francisco Rodríguez Martínez.
“La serranía de Ronda”. Estudio Geográfico.
Málaga 1977 -Torres Balbás. Tomado de J.de M.”
Carriazo “En la frontera de Granada” Sevilla
1971. -José Fernández Arenas. “Imagen del
arte mozárabe” Ediciones Polígrafa.
Barcelona. -Francisco Garrido “La Ronda de ayer”
Málaga 1994. -De las Cagigas. “Los Mozárabes”.
Instituto de Estudios Africanos. Madrid 1947. -Gómez
Moreno. “Arte Mozárabe” Ars
Hispaniae. Madrid. -Roger Collins. “España en
la alta edad media” Ed. Critica. Barcelona. 1985 -Ramón
Sánchez Díaz. Servicio Histórico Militar.
“Los encastillados de la Reconquista: Omar Ben
Hafsun” Madrid 1973 -J.Vernet. “La cultura
hispanoárabe en Oriente y Occidente”.
Barcelona,1994
Fotografías: Cortesía de José
Luis Rodríguez Molina.
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