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CUEVAS
DE SAN ANTÓN
EL
CONJUNTO RUPESTRE MOZÁRABE DE NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN DE LA CABEZA.
Por Bartolomé Nieto González
Director del Museo Municipal de Ronda.
La Ermita Mozárabe de la Virgen de la Cabeza construida en el siglo IX-X
d.c., se localiza a unos dos kilómetros al oeste de Ronda, en un
saliente rocoso de paredes escarpadas, en la margen izquierda del Río
Guadalevin y a 640 m sobre el nivel del mar, desde donde se puede
divisar un espectacular paisaje, confiriéndole al lugar un carácter
realmente mágico.
Antes de proceder a la definición de éste importante conjunto rupestre
mozárabe abordaré, sintéticamente, la historia de las investigaciones
arqueológicas allí desarrolladas y en las que podemos distinguir dos
fases bien delimitadas en el tiempo.
La primera fase se proyecta desde 1.974 a 1.984, siendo desarrollada por
un equipo de investigadores, liderado por Don Rafael Puertas Tricas,
Director del Museo Arqueológico Provincial de Málaga, quien a su vez
extiende el estudio a las restantes siete ermitas mozárabes documentadas
en la provincia de Málaga:
·
Ermita de la Oscuridad
(Ronda).
·
Iglesia Rupestre de Bobastro
(Ardales).
·
Iglesia de los Hoyos de los
Peñones (Alozaina).
·
Conjunto Rupestre de
Archidona (Archidona).
·
Ermita de la Fuensanta
(Pizarra).
·
Iglesia Rupestre de
Villanueva de Algaidas (Villanueva de Algaidas).
·
Iglesia Rupestre de Coin (Coin).
En cuanto al Conjunto Rupestre de la Virgen de la Cabeza se refiere, las
investigaciones se centran fundamentalmente en una definición
planimétrica detallada y una descriptiva de los diferentes espacios y
áreas funcionales que conforman el conjunto, más que en una intervención
arqueológica propiamente dicha. Dichas investigaciones desembocan en la
publicación, por parte de D. Rafael Puertas del libro titulado
“Exploraciones en Iglesias Rupestres de Ronda”, publicado por la antigua
Caja de Ahorros de Ronda en 1.988.
La segunda fase se desarrolla entre 1.997 y 1.998, dirigidas por el que
suscribe y complementarias a las ya iniciadas en 1.974 por Puertas
Tricas. Esta segunda fase es producto de los trabajos de puesta en valor
del conjunto rupestre, los cuales fueron cofinanciados por el Excmo.
Ayuntamiento de Ronda y la Consejería de Turismo de la Junta de
Andalucía. Amen de los trabajos de mejoras en el camino de acceso,
instalación de aseos, implantación de suministro eléctrico, agua,
limpieza general del sitio, limpieza de graffiti en las paredes,
consolidaciones de estructuras murarias, restauración de solerías, etc,
se llevaron a cabo intervenciones de carácter arqueológico tendentes a
matizar la cronología del conjunto, identificación de pavimentos de la
época, nuevos espacios de enterramientos, nuevas estructuras y áreas
funcionales.
En cuanto a la matización cronológica, no localizamos restos de cultura
material que nos posibilitará concretar más el abanico cronológico del
siglo IX-X. A nivel de pavimentos si pudimos determinar que en el ámbito
de las celdas, el suelo era la propia roca calcarenitica rebajada, donde
se identificaron hoyos de poste, para sujetar estructuras de maderas
vinculadas a camastros y estanterías. Del mismo modo se localizaron
hoyos de mayores dimensiones para la sujeción sobre el suelo de
recipientes cerámicos o de madera.
Así mismo, pudimos comprobar la inexistencia de más criptas en el
interior del conjunto y si la localización en el exterior de la zona de
culto, de un importante silo de 2,5 m de diámetro para el almacenaje de
grano, como se pudo comprobar tras la localización de granos de trigo
tostado.
De la limpieza de las paredes, invadidas por graffiti modernos, pudimos
localizar restos de pintura mural en rojo en la nave de la cripta, con
motivos vegetales y figuras de monjes en posición de rezo, que no se
pueden adscribir a época mozárabe y si a algunos de los eremitas que
allí vivieron en momentos posteriores y de los que existe constancia
documental en el siglo XVIII.
DEFINICIÓN
DEL CONJUNTO RUPESTRE.
La Ermita Mozárabe de la Virgen de la Cabeza se excavó y construyo a
favor de una roca arenisca del Mioceno dispuesta en estratos
horizontales de unos 5 cms de espesor, alternados con capas blandas de 1
cm de espesor, cuyos planos de separación se utilizan como techo de las
bóvedas de la Iglesia y así impedir la caída masiva de fragmentos
rocosos y mejorar la estabilidad de la excavación.
En el conjunto podemos distinguir tres áreas funcionales:
a)
Área de culto.
b)
Área domestica y de
habitación.
c)
Área productiva y de
aprovisionamiento.
Área de culto.
La iglesia propiamente dicha consta de una nave central orientada al
oeste y tres naves laterales perpendiculares a ésta, una de ellas
sacristía con pequeñas hornacinas para el deposito de enseres
litúrgicos, que emulan los pequeños columbarios de época romana.
Excepto el espacio destinado a la sacristía, todas las naves presentan
altares, y hornacinas superiores para el deposito de imágenes
religiosas. La nave principal además dispone de un ábside incompleto
excavado en la roca.
En la segunda nave, próxima a la zona de celdas, se localiza la cripta,
a la cual se accede por una escalera de siete peldaños que se abre en la
zona central de la nave. Por sus pequeñas dimensiones, más que un lugar
propio para el enterramiento, se trataría de un espacio vinculado al
deposito de reliquias. Del contenido de la cripta, no se ha constatado
evidencia material alguna, debido a los continuos expolios,
documentándose algunos de ellos en la segunda mitad del siglo XVIII. No
obstante podemos plantear, a falta de la oportuna investigación
arqueológica, que el espacio destinado a enterramiento pudo localizarse
en el exterior del recinto, en la propia pared del escarpe, donde se
esculpirían nichos rectangulares para albergar la inhumación de los
monjes de la comunidad.
La planta general de esta zona destinada al culto religioso cristiano,
bajo el rito mozárabe, pertenece según Rafael Puertas al tipo de
“Conjunto de Tres Naves Principales”. Sus tres naves en disposición
radial, son de una gran monumentalidad, siendo de similares
características las de Coin. y Archidona. De todas las iglesias
documentadas en la provincia de Málaga, el Conjunto Rupestre de Nuestra
Sra. La Virgen de la Cabeza, también denominada Cuevas de San Antón, es
la de mayor dimensión.
Área de Vivienda y Celdas.
Este área y la iglesia se encuentran interconectadas, teniendo su acceso
por la nave de la cripta, por lo que no es necesario salir fuera del
recinto para ir de un área a otra, indicándonos que nos encontramos ante
un conjunto organizado, donde todos los espacios configuran un todo,
aislado del exterior en lo material y en lo inmaterial.
Esta zona se caracteriza por su austeridad. Tanto las celdas como el
pavimento fueron excavadas en la roca. Su mobiliario también tuvo que
ser ligero por no decir espartano, debiéndose circunscribir a camastros
de madera, pequeñas estanterías de madera y algún que otro recipiente
cerámico o de madera, tal y como testimonian los hoyos de postes
localizados en el suelo y otros hoyos de mayor dimensión que servían
para sujetar los mencionados recipientes. Del mismo modo se localizan en
las paredes pequeñas repisas esculpidas en las paredes de la roca para
el deposito de objetos personales.
Desde las celdas se accedía por diferentes puntos abiertos en la roca a
una amplia terraza en el borde del escarpe rocoso con impresionantes
vistas de Ronda y de la Hoya del Tajo. Un paisaje, al menos hasta el
siglo XII de tolerancia cultural y religiosa (cristianos, judíos y
musulmanes), porque justo al frente, a dos kilómetros de distancia,
florecía la ciudad islámica de Ronda
Área productiva y de aprovisionamiento.
A esta zona se vincula una cuadra de pequeñas dimensiones por lo que
tuvo que albergar animales pequeños ( burros y cabras para el aporte de
leche), un pequeño lagar para el autoabastecimiento de la comunidad
monástica y un importante silo excavado en la roca del subsuelo para el
almacenaje de grano, de hecho en su excavación arqueológica se pudieron
documentar granos de trigo tostados, técnica de conservación del cereal
en el silo muy practicada en la antigüedad. Dicho ámbito se localiza en
el exterior de la zona de culto y se construyo completamente sobre la
roca.
La comunidad monástica aquí instalada se regiría por una economía de
subsistencia con aportaciones de los fieles que frecuentaban el conjunto
religioso.
En definitiva nos encontramos ante un monumento de los siglos IX-X,
deducción que se obtiene por paralelismo aportado por el registro
arqueológico documentado en la Ermita de los Hoyos de los Peñones de
Alozaina , localizado en el ámbito rural, que albergo una comunidad
monástica mozárabe pequeña, de no más de 10 personas, usada por la
gentes cristianas de Ronda, en una época en la que en Al Andalus la
tolerancia cultural y religiosa no era un problema, sino todo lo
contrario. Será a partir del siglo XII con la llegada de la tribus
norteafricanas (Época Almohade), cuando el clima de tolerancia
desaparece, siendo también el momento que interpretamos para el abandono
del conjunto rupestre por parte de la comunidad monástica mozárabe y por
tanto el uso cultual del recinto. |
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Siguiendo la doctrina de Mahoma los musulmanes, al
declarar la guerra santa a los cristianos, debían obligar a estos a
escoger entre el Islam y la “chizía” o “capitación”. Los que se sometían
voluntariamente mediante el “aman” o seguro, pasaban a ser “dimmies” o
“protegidos”, quedando el Estado obligados a protegerlos. En este caso,
conservaban sus vidas y haciendas, pero siempre mediante el pago de la “chizía”,
además del tributo que se debía pagar por las tierras, llamado “jarach”.
Si los cristianos eran sometidos por la fuerza de las armas, los hombres
debían ser muertos y las mujeres y los niños cautivados y sus tierras
pasaban al poder del Estado o de los conquistadores Dentro de esta
normativa impuesta por el indudable vencedor, aunque no siempre
aplicada, esa es la verdad con el mismo rigor y contundencia, en lo
tocante a los derechos civiles y políticos, los cristianos españoles
conservaron durante la dominación sarracena, cierta manera de gobierno
propio y si alteración notable, la antigua condición de las personas.
Podría añadirse que la práctica del culto cristiano, según las crónicas
de la época y posteriormente, de acuerdo con la mayoría de los
estudiosos del Islam, nunca fue prohibida, y las medidas dirigidas a
impedir la expansión del cristianismo de bieron ser observadas más
estrictamente en Córdoba que en el resto del al-Andalus. Ibn Hawqal,
geógrafo árabe que, según escribe Roger Collins, viajó por España en
948, cuenta que “un número importante de cristianos indígenas,
especialmente de los estratos inferiores de la sociedad, sobrevivió en
las áreas rurales y en muchas ciudades provinciales durante el periodo
omeya” y es posible, aclara, incluso que constituyeran la mayor parte de
la población, a pesar del incremento del número de conversiones al Islam
y del asiento de los conquistadores, y que, al menos en las áreas
rurales, se habrían resistido no sólo a la religión árabe sino también a
su cultura” Así, que, con seguridad, estos complejos eremíticos –cuevas
o refugios, como los que motivan este trabajo—situados en las afueras
pero relativamente próximos a determinados núcleos urbanos plenamente
del dominio islámico, fuesen un clarísimo exponente de tal disidencia
con lo árabe, y del noble empeño de una facción importante de hispanos
por aferrarse a una tenaz fidelidad a sus raíces Institucionalmente, en
las poblaciones mozárabes más importantes había un “comes” o, conde, que
disfrutaba del gobierno, al que solían acompañar otros funcionarios
mozárabes, cuyos cargos fueron tomando nombres árabes como “alcadí"
(alcalde) juez, o arabizados, como “almoxarife” o intendente de
hacienda, “almotacen”, o encargado de pesas y medidas, “alarife”, o
perito en edificaciones; con el “alguacil”, autoridad que entendía en
lo criminal, y el “saib al-madina” que era un magistrado en el que
algunos historiadores ven la persistencia “defensor civitatis” del bajo
imperio, cuya función consistía en cubrir los delitos que escapaban al
ámbito de lo religioso. “Una serie de vigilantes –escribe Collins-
patrullaban las calles por la noche tratando de evitar la delincuencia
nocturna pero, al parecer, los asesinatos eran
frecuentes en el al-Andalus.
En cuanto al ejercicio de la religión, al
principio de la conquista no experimentaron los mozárabes grandes
cambios. Por lo demás, en tiempos normales los cristianos podían
concurrir públicamente a sus iglesias, tocar las campanas, salir con
cruz alzada a enterrar a los muertos y retirarse, libremente a los
florecientes monasterios de monjes que en número, no escaso, existían en
la Península Ibérica. Pero estos privilegios, obtenidos por los
españoles en virtud de las primeras capitulaciones, fueron
paulatinamente desapareciendo a medida que el poder musulmán se fue
consolidando. Únase a esto las grandes ventajas que lograban los que
islamizaban, lo que bien incitaba a la conversión, al menos de cara a
los que vacilaban ante las presiones del entorno de los vencedores.
Durante el gobierno de los primeros gobernadores, los
mozárabes apenas sufrieron otra persecución que el despojo de las
haciendas o el aumento de los tributos. Encontraron, sin embargo,
mandatarios, como Abdelaziso Alhor, que hicieron justicia a sus
reclamaciones y aún se sirvieron de ellos para conservar la paz, tan
frecuentemente perturbada entre las tribus mahometanas. Al fundar, en el
año 756, Abderramán su emirato, reconoció que necesitaba del elemento
cristiano, que, en realidad, superaba al musulmán por su civilización y
cultura, por lo que concedió crecidas indemnizaciones para compensar las
iglesias destruidas. Por ejemplo, en 784 compró y pagó a los cristianos
el resto que quedaba de la iglesia de San Vicente, iglesia dedicada al
principal mártir de la ciudad y que se hallaba dividida para su uso, de
tal modo, que los musulmanes ocupaban la mitad de ella, utilizándola
como mezquita. Al final, mediando, al parecer, un completo acuerdo
incruento, San Vicente fue empleada para construir el inicio de la
famosa mezquita cordobesa, a la vez que los cristianos obtenían el
permiso para construir una nueva iglesia en el lado opuesto del
Guadalquivir. Por supuesto que dos religiones y dos culturas opuestas
poseídas por dos etnias diferentes, además con una de ellas investida de
los derechos del vencedor y otra sufriendo los avatares del derrotado,
no podían disfrutar a perennidad de unas relaciones estables de forma
continua. Así, reinando Alhaquen, a principios del siglo IX, mozárabes y
muladíes se sublevaron en varias ocasiones en Mérida y en Toledo; siendo
esta última ciudad teatro de la famosa matanza del “día de la hoya”, que
costó la vida a 5.000 españoles.
Abderramán II, que según Ibn Alcutía, presenció
esta horrible matanza siendo aún príncipe, siguió al pie de la letra
–según Dozy- el consejo del califa Omar, que había dicho: “mientras dure
el islamismo, nosotros debemos comernos a los cristianos y nuestros
descendientes a los descendientes de los cristianos”. Mas en realidad,
de una manera drástica y cruenta la tolerancia musulmana sólo se
interrumpió durante algunos años: y esto fue, principalmente, como
consecuencia de la provocación de un grupo de mozárabes exaltados, que
bien conscientes de que toda injuria pública contra Mahoma o el Islam
era castigada con la pena de muerte, desafió a las autoridades
cordobesas en busca de martirio, para abrir un pozo entre musulmanes y
cristianos, a fin de que se impidiera el avanzado estado de
confraternización y arabización de los segundos. De hecho, insisten las
crónicas, que los mozárabes gozaron de una amplísima autonomía interna:
eran administrados por la dicha figura del conde, cuyo nombramiento en
Córdoba, recayó hasta el siglo X en uno de los descendientes de Witiza,
al cual se le dio preferencia sobre los demás “comes” y recibió el
título de “conde de al-Andalus”.
También la justicia entre cristianos se administraba
según propias leyes y los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el
llamado “exceptor”. Los rectores de laa facción reaccionaria contra el
estado de cosas, fueron Eulogio y Alvaro, ambos discípulos del abad
Sperandeo. Y el primer mártir de tal movimiento fue un sacerdote
cordobés llamado Perfecto, acusado de hablar mal de Mahoma, en el año
850 y el último, anónimo, en 864. También un joven de familia noble se
presentó al cadí haciendo profesión de fe y fue degollado.
El total de mártires fue de 51 Se sucedió luego una
cadena de sacerdotes, monjes y doncellas que voluntariamente se
ofrecieron al martirio. Los emires utilizaron diversos procedimientos
para solucionar la aguda crisis sin recurrir a las ejecuciones. Y en
ciertos casos, consideraron a los candidatos al martirio como locos,
condenándolos a penas menores, aunque infamantes.
Hasta tal punto llegó la extremosa situación que,
alarmado Abderramán, hizo que se reuniese en el año 852 un concilio
presidido por Recaredo, arzobispo de Sevilla, con el propósito de,
siguiendo los deseos del sultán, de condenar a los mártires con el fin
de abortar la proliferación de los martirios, cosa que se hizo con la
sola oposición de Saulo, obispo de Córdoba. No obstante, con Muhammad I
aunque siguieron los martirios, aumentó la persecución incruenta, siendo
despojados los cristianos de sus cargos públicos. Estos acontecimientos
tuvieron un gran eco en Francia, y fueron varias las misiones de monjes
de allí que acudieron a Córdoba en busca de reliquias, aunque muchos
mozárabes emigraron a los estados cristianos del Norte, en los cuales
fueron de gran valor para la repoblación de las tierras
reconquistadas.. De la época de Muhammad I, Almondir (éste murió en 888
ante la fortaleza de Bobastro) y Abdallá, fue la rebelión de Omar ben
Haffsun, que volviendo a la religión católica --que había sido la de sus
mayores-- llegó a dominar gran parte de Andalucía. Es tradición que
Hafsum había nacido en la alquería de Auta, donde la actual villa
serrana de Parauta, cercana a Ronda.
La hija de Omar se sumó, a su vez, a la nómina de
los mártires del cristianismo siendo santificada con el nombre de Santa
Argentea. Sería que una vez destruido Bobastro por las huestes de
Abderraman II, fue conducida a la corte Omeya, donde tras largo
suplicio, fue decapitada el 13 de mayo de 931. Es tradición, actualmente
controvertida por algunos historiadores, que sus restos reposan en la
iglesia de San Pedro de Córdoba. En la época de los Taifas, con muchos
soberanos tributarios de los reyes cristianos, debió mejorar la
condición de los mozárabes. Entonces tuvo lugar, en 1085, la conquista
definitiva de Toledo por las armas cristianas, conquista a la que, no
poco, contribuyeron los numerosos mozárabes que en la ciudad habitaban,
a los cuales concedió Alfonso VI un amplísimo fuero con singulares
privilegios.
Con la invasión de los almorávides, a finales del
siglo XI, comenzó una nueva era de persecuciones para la tan disminuida
población mozárabe. Y un número considerable de guerreros bárbaros y en
extremo fanáticos, intentaron hacer desaparecer a todos los cristianos
de sus dominios.
Agobiados por la persecución, los mozárabes granadinos
pidieron socorro al rey de Aragón, Alfonso I El Batallador, que poco
antes había conquistado Zaragoza. El Batallador bajó con numerosas
huestes por Valencia
donde se le unieron muchos mozárabes de aquel reino, se acercó a
Granada, y descubierta la conspiración y temerosos los cristianos de la
venganza de los
almorávides, rogaron al rey aragonés que los admitiese en su compañía y
se le juntaron más de 10.000 que le siguieron hasta sus Estados,
recibiendo además
privilegios y franquicias muy honrosas. Los que no quisieron o no
pudieron seguir al rey fueron deportados a
Africa, siendo muchos millares de cristianos, con su clero y obispos,
los que llegaron a establecerse, al parecer, en Mequinez y Fez. Allí,
los varones fueron alistados para contener a los almohades que
amenazaban ya el imperio almorávide, y su valor los hizo muy estimados
del
sultán, que acabó dando al caudillo de los cristianos, el catalán
Revertes, el mando de todas las tropas de su Imperio.
Triunfaron al fin los almohades, y algunos miles
de estos mozárabes regresaron a España hacia 1150 y se refugiaron en
Toledo. Poco después tuvo lugar la última persecución de los cristianos,
con el decreto del sultán de los almohades, Abdelmumen, mandando bajo
pena de la vida que todos los cristianos y judíos que no quisieran
islamizar saliesen de sus estados dentro de cierto plazo. Muchos de
estos emigrarían a los reinos de Castilla, Aragón y Portugal, mientras
que otros se convertirían al Islam, aunque no fuese más que
externamente.
En algunos casos los mozárabes conservaron sus
conventos (por ejemplo, los de Guadimellato y Tábanos, en las cercanías
de Córdoba) y en algunos instalaron cantinas para que los musulmanes
pudieran beber vino sin alterar el orden público. El vino de los
conventos estaba considerado como el de mejor calidad de la España
musulmana. De cualquier forma, hasta donde llegaba el rigor prohibiendo
el uso y el disfrute del vino en el islam, tenemos el testimonio del
historiador árabe al-Maqqari que autentifica la imposición de la pena de
muerte al ladrón de uvas. La población cristiana sometida a la
dominación del Islam no perdió su habla románica. No obstante, con el
tiempo y la mayor desvinculación del norte de la Península Ibérica, el
mozárabe conservó un carácter más arcaizante y luego, a medida que la
reconquista avanzaba, el habla de los reconquistadores fue absorbiendo
al utilizado por los mozárabes. Parece que en realidad bajo el nombre de
mozárabe no debe entenderse una lengua unitaria común sino más bien un
conjunto de dialectos más o menos heterogéneos, y no se conoce documento
alguno escrito en mozárabe. Las fuentes para su estudio se reducen a las
citas en aljamía de algunos escritores árabes, a diversos glosarios
latino-árabes, a los topónimos y a ciertas composiciones amatorias (jarchas).
Para los árabes que vivían en España “aljamía” --que en
general significaba lengua extranjera--, era la lengua castellana.
También quería decir, castellano escrito con caracteres arábigos.”
Algarabía”, era el nombre que los cristianos daban a la lengua árabe en
tiempos de la reconquista. Por otra parte, hay que valorar la
permeabilidad de las fronteras entre árabes y cristianos (piénsese en la
figura de los jueces fronterizos, personajes nombrados por árabes y
cristianos que tenían facultades como mediadores en los litigios
fronterizos surgidos entre ambas religiones). Normalmente, las fronteras
no fueron unas fronteras de cruzada. Al contrario, se trataba de una
frontera donde los cristianos, con una notable carencia de hombres, se
aliaban a menudo con los jefes musulmanes, mientras que, al mismo
tiempo, los mantenían bajo sistemas de “proteccionismo” para obtener el
oro que tanto
deseaban.
Abd Allah, el rey de la taifa de Granada, describe los
pensamientos del rey Alfonso VI (que conocía a través del conde mozárabe
Sisnando Davidiz) cuando le fue propuesta una alianza militar con el
taifa de Sevilla, destinada a la larga contra Granada:
“¡Aquí tenemos un buen negocio del cual es imposible
que yo no saque algún provecho aunque la ciudad (Granada) no caiga ¡
¿Pero qué ganaré yo por tomar Granada de uno de ellos y dársela al otro
que así tendría más fuerza para oponerse a mí ¿ ¡Cuanto más inquietud y
rivalidad haya entre ellos mejor para mí!”
Durante un corto periodo de tiempo después de
estallar la anarquía en al-Andalus en 1009, los príncipes cristianos
habían pactado con los príncipes musulmanes la prestación de un
determinado apoyo militar a cambio de dinero. Pero pronto empezaron a
pedir más y, utilizando la amenaza de guerra, impusieron tratados a los
musulmanes en los que estipulaban la entrega de cantidades determinadas
de dinero, las llamadas “parias”, que debían pagarse anualmente y en
plazos regulares. Estas parias llegaron a formar una parte esencial de
las rentas de los magnates cristianos quienes, aunque no tenían ejército
suficiente en la época para una reconquista, podían utilizar la amenaza
de guerra como palanca para inducir a los musulmanes, que pagaban las
parias, a que elevaran las cantidades concertadas. El contenido de las
parias era citado en los proyectos matrimoniales, donaciones piadosas y
alianzas políticas. Y los cristianos incluso incluían las parias en los
testamentos. Por ejemplo, Fernando I de León y Castilla (1037.1065
distribuyó sus reinos y parias entre sus hijos de la siguiente manera:
Sancho recibió Castilla junto con las parias de la taifa de Zaragoza:
dio a Alfonso el reino de León y las parias de Toledo, y García recibió
Galicia y las parias de Sevilla y Badajoz.
Esta “tolerada” confraternización, con los continuos
viajes de monjes entre al-Andalus y los estados cristianos, explican,
sin ninguna duda, la aparición de conocimientos científicos de
origen oriental en la Marca Hispánica, concretamente en Ripoll durante
la época del califato; la introducción del astrolabio y de los primeros
tratados de matemáticas y geometría se realizó allí mediante
traducciones de textos árabes al latín por clérigos de distintas
procedencias, incluso no catalanes. Desde Ripoll pasaron estas versiones
a los cenobios de Lorena y al resto de Europa en el siglo XI.
Como una consecuencia de esta correlación
cultural, a partir del siglo X la política cultural y científica de los
estados musulmanes cambió de forma notable ya que si, hasta ese momento
la colaboración de los investigadores de las tres religiones fue un
hecho común, en el siglo XI recomendaron a sus súbditos que no vendiesen
libros a los cristianos, pues éstos los traducían y los atribuían a sus
clérigos. Una de las manifestaciones artísticas de los cenobios
mozárabes serían los famosos “beatos”, prodigiosos manuscritos
ilustrados, hoy deleite de cuantos aman la obra de arte. Es célebre el
denominado “Beato de Liébana”,
conteniendo versiones con comentarios de la Apocalipsis de San Juan.
ARQUITECTURA MOZARABE
En este punto, para empezar, quizá sería conveniente
establecer unas diferencias concretas entre dos conceptos
arquitectònicos que tienden a confundirse, a saber el de mudéjar y el
mozárabe. Conceptualmente, el mozárabe (del árabe “musta´rab”, el que
imita a los árabes) es el arte constructivo de los cristianos que
después de la ocupación musulmana siguen conservando su religión y sus
iglesias, generalmente marginadas en el espacio próximo a las urbes
musulmanas. Los nombres con que los árabes designaban a los cristianos
eran diversos: “muahid”, confederado; “ily”, cristiano y renegado; “ayami”,
extranjero. Pero la designación más
frecuente y que permaneció es la de “mozárabes”, derivada probablemente
del árabe “mustarib” o “musta´rab” En realidad, la cultura de la
comunidad cristiana islamizada era, como sabemos, en principio muy
superior a la de los invasores y vivían en grupos aparte conservando su
administración municipal y judicial. También conservaron el latín vulgar
pero, a su vez, por pura necesidad, aprendieron el árabe, que llegaron a
dominar con perfección. Por el contrario, los mudéjares, fueron los
hispanos arabizados que mantuvieron unareligión y unas maneras
orientales, una vez terminada la conquista por los cristianos. También,
por otra parte, ambos conceptos están separados en el tiempo al menos
por dos siglos: el mozárabe fluye entre los siglos nueve y trece y el
mudéjar entre los siglos once y dieciséis. Y, por último, el mozárabe
constituye una arte constructivo, mientras que el mudéjar no es sino un
arte decorativo que, generalmente, va unido a unas formas constructivas
concretas con una aportación muy importante y peculiar como son los
artesonados. Así, románico-mudéjar; gótico-mudéjar; etc...constituyendo
el arte español por excelencia con una repercución y vigencia que llega
hasta nuestros días.
Los monasterios mozárabes fueron centros de
irradiación cultural, que en el campo del arte se proyectó sobre todo,
como hemos citado, en la iluminación de manuscritos. Las influencias
europeas (especialmente carolingias) y orientales se refundieron en los
“scriptoria” mozárabes, con un espíritu de gran originalidad. En la
actualidad esta miniatura está considerada como una de las más valiosas
y singulares escuelas de todas las que en su especialidad produjo el
arte medieval. La mayor parte de la producción de los miniaturistas y
calígrafos mozárabes (algunos de nombre conocido, como Magius y
Florencio) consistió en ejemplares ilustrados del “Comentario al
Apocalipsis”, del dicho Beato de Liébana: es decir, los llamados
“beatos”.
La característica más señalada de las iglesias
mozárabes, en las que elementos de tradición visigótica se combinan con
influjos musulmanes, es el arco de herradura (más cerrado que el arco de
herradura visigótico). Los capiteles son de tipo corintio, interpretado
generalmente con ruda estilización. Las cubiertas son por lo común de
madera, pero utilizan también la bóveda de cañón, la esquifada sobre
arcos, la cúpula de gallones etc.. Aparte de la característica de
carecer de fachada, con una puerta de acceso que es una simple abertura,
casi siempre de forma rectangular y normalmente orientada al sur o en el
muro derecho, la construcción mozárabe huye normalmente de los espacios
longitudinales y muestra una tendencia al espacio compartimentado,
tendiendo a cerrarse formando unidades múltiples. Es decir, buscando los
ejes quebrados, como si el temor a los espacios prolongados fuera
siempre la pasión de los arquitectos mozárabes. Se acentúan las formas
cortadas, cuadriculadas, cerradas, sin perspectivas horizontales y nacen
lo se espacios perpendiculares un tanto laberínticos, cueviformes y
mágicos.
Fernández Arenas escribe: “Los monjes construían sus propios
monasterios. Eran canteros, arquitectos, escribas y la obra concluida
tendría que ser naturalmente el resultado de un espíritu común, no sólo
en lo funcional, sino también en la expresión de las formas. El sistema
de cubiertas fue el abovedamiento por unidades espaciales, abovedamiento
que se encuentra invariablemente en todos los espacios absidiales o
capillas de cabeceras.”
EL MOZARABE ANDALUZ
Aunque en textos supuestamente válidos de arte de hace
unas décadas se especificaba que los restos de las construcciones
mozárabes andaluz se limitaban a las ruinas de Bobastro, estudios
recientes de Puertas Tricas han estudiado, solamente en la provincia de
Málaga, los testimonios de Alozaina, Coín, Archidona, Pizarra, y
Villanueva de Algaidas, y, principalmente, las de Ronda; Virgen de la
Cabeza y de la Oscuridad. Y habría que añadir otra importante: la
llamada “Casita de Piedra”, un eremitorio claramente mozárabe, situado
en las afueras de la localidad de Cortes de la Frontera, con una fecha
grabada en el exterior, probablemente de una reocupación tardía, que a
veces han confundido sobre su naturaleza y datación.
Esta escasez de vestigios arquitectónicos, no es
absolutamente cierta, a pesar de lo que escribía Fernández Arenas
insistiendo en la nula persistencia de lo mozárabe en el sur de la
península, aún salvando, como vemos, los lugares de eremitas:
“Andalucía, donde el mozarabismo tuvo su primario y más auténtico
origen, no nos muestra sino una sola construcción. No ha de extrañar
este hecho sabiendo que una de las mayores glorias del terrible Almanzor
fue el de no haber dejado un templo cristiano sobre el suelo peninsular.
Sólo aquellos que por su posición retirada, debido a ser convento de
eremitas, y por su construcción sólida, resistieron al furor
destructivo de las veloces huestes del musulmán, Así pudieron salvarse,
en el centro y norte de España, algunas iglesias mientras que en
Andalucía y Levante, se destruyeron todas. Unicamente
la de Bobastro, excavada en la roca, se avanza en el territorio andaluz.
La plaza de Bobastro, que fue la residencia y
fortaleza habitual del terrible batallador mozárabe Ibn Hafsun, fue
rendida y arrasada en 928 después de casi 50 años de heroica
resistencia. La iglesia, comenzada a finales del siglo IX, quedó sin
terminar y en este estado se ha encontrado con las nuevas
excavaciones. Insistamos en que Hafsun, desde siempre considerado de
origen rondeño, --posible originario del dicho lugar de Auta, en el
paradisíaco valle del Genal en el entorno de Ronda-- fue el personaje
que con sus disensiones primero, y luego haciendo alarde de belicosidad
y valor, puso muchas veces en extremado peligro el emirato musulmán, a
la vez que reafirmaba la tenaz presencia de la base cristiana de la
península, una de las patas que constituiría la mezcla étnica –
cristianos, musulmanes, judíos-- de la que se componía ya la España
emergente, con posterioridad a la invasión, o invasiones que se fueron
sucediendo a partir de la batalla del Guadalete en el 711.
EL MOZARABE RONDEÑO
La zona de estudio, después de la publicación
clave de Rodríguez Martínez; a saber, su estudio geográfico sobre la
Serranía rondeña, se sitúa geológicamente en el área Subbética de la
Cordillera Bética, dentro de materiales del Terciario superior de la
depresión de Ronda. Así, el rasgo morfológico más significativo de esta
zona es el intenso encajamiento de la red fluvial en el contexto de la
mesa sobre la que se sustenta la ciudad, como lo demuestra el famoso
Tajo de Ronda, donde se diferencian dos partes distintas.
En primer lugar, se trata de un cañón u hoz
abierto por el Guadalevín (llamado también Grande) en la dicha mesa que
sirve de asentamiento espectacular al urbanismo de Ronda dividiéndolo en
dos partes disimétricas.Esta garganta, estrecha y profunda, alcanza
medio kilómetro de longitud y un centenar de metros de profundidad. La
anchura máxima, de unos 50 metros, se ofrece a la vista al final de la
hoz en el “Puente Nuevo”, --un distintivo, por otra parte, de las
calidades monumentales de la ciudad--, a partir del cual comienza el
segundo elemento. Consiste en un enorme murallón, debajo del cual se
abre una hondonada circular de unos 750 metros de radio, cerrada al Sur
por un nivel mioceno donde se encuentra la Virgen de la Cabeza, y que en
su conjunto se conoce como el “Asa de la Caldera”.
Torres Balbás redondea la descripción de este
insólito emplazamiento de la ciudad: “El enorme peñasco calizo, cortado
a pico sobre el valle en gran parte de su contorno, tiene al norte el
tajo del Guadalevín, gigantesco foso natural de un kilómetro de longitud
y más de cien metros de profundidad. A poniente, las cortaduras de la
peña bastan para la defensa. A levante, la altura de la peña no es tan
grande, y basta para reforzarla una muralla torreada. Hacia el mediodia,
está la entrada natural, y para defenderla se erigió fortísimo castillo”
LA ERMITA MOZARABE DE LA VIRGEN DE LA CABEZA.
Al referirse a la iglesia mozárabe de la Virgen de la
Cabeza, el historiador Moreti la cita como “Nuestra Señora de la Cabeza,
antes Cuevas de San Antón, extramuros de la ciudad”: “Poco nos han dicho
de este sagrado lugar, los que nos trasmitieron algo sobre las
antigüedades de Ronda en los primeros tiempos de la reconquista, pues,
el Sr. Naranjo que escribió por los años de que hice relación
anteriormente, nos dice que no deja de ser notable la cueva de San
Antón: abierta a fuerza de pico y almainas, en una roca viva, sin
extenderse en más explicaciones.” “Ahora sí –continua Moreti—el Sr.
Rivera Valenzuela, que escribió sus opúsculos por los años 1766, es
quien nos dice que existían unos ermitaños denominados “solitarios de
Gregorio López”, que daban culto –dice--a la milagrosa imagen de la
Cabeza “En el libro de Cabildos de Srs. Beneficiados que empieza en el
año de 1759, folio 467, he visto que por acuerdo celebrado el día 19 de
abril de
1784, se dispone que acompañada de dos Regidores del Ayuntamiento, se
traslade en un coche la imagen de Nuestra Señora al Convento de San
Francisco, para traerla procesionalmente desde allí a la Iglesia Mayor”
Después, sólo sabemos que por los años 1794 a instancias del Sr Vicario
de esta ciudad, acompañado de otras personas de respeto, se organizó una
Hermandad, a cuyo cargo quedó el cuidado y culto de Nuestra Señora,
acaso por haber fallecido todos los hermanos ermitaños, cuyas
constituciones aprobó el Sr. Obispo de Málaga, don Manuel Ferrer y
Figueredo. Mas, comoquiera que la cueva sufrió poco después algunos
derrumbamientos, se hizo preciso trasladar la venerada imagen a esta
ciudad, depositándola en el convento de Santa Isabel. Pero la invasión
francesa, o no sé qué otras causas pudieron contribuir a ello, es lo
cierto que la hermandad vino a reducirse a tales términos que bien podía
decirse había dejado de existir; hasta que el Marqués de Salvatierra, el
Sr. don Gaspar Atienza natural y vecino de Ronda encontró por fortuna el
antiguo libro de institución de la Hermandad, y pudo con su acreditación
reorganizarla en 1850. Posteriormente, Rafael Atienza y Huertos, otro
ilustrado Salvatierra, consiguió que dicha Hermandad obtuviese el título
de Real con que se vio honrada el 14 de abril de 1858.
La iglesia rupestre de la Virgen de la Cabeza, formando
parte, como hemos visto, de los fastos religiosos de la ciudad, con el
acendrado culto a la Virgen, solemnes romerías y la celebración de otras
devociones, multitudinarias y con carácter periódico, está constituida
por una masa arenisca de grano grueso, de color blanco amarillento con
pátina gris, con abundancia de fósiles marinos, que en gran parte han
sido destruidos por el largo transporte a que
fueron sometidos. Recientemente, el Ayuntamiento bajo la dirección del
arqueólogo Municipal, Bartolomé Nieto, ha efectuado importantes y
necesarios trabajos, sobre su estructura y pavimentos descubriendo el
suelo original, limpiando las paredes del acendrado y continuo
“vandalismo literario” y urbanizando los accesos al monumento.
El director del Museo de Málaga, el doctor Puertas
Tricas, explica que desde un punto de vista topográfico y geográfico,
esta iglesia podría considerarse una iglesia suburbana por su relativa
proximidad a la ciudad,añadiendo que “su magnífica perspectiva visual
con relación a Ronda, fue tomada, sin duda, como punto de referencia
urbanístico. A la vez por su especial situación, pudo tener también en
sus proximidades algún asentamiento rural de gentes que practicaron la
agricultura y, quizá de un modo más intenso, la ganadería. La iglesia
pudo servir, por tanto, para gentes de los alrededores, además, al
servicio de una comunidad monástica y, en menor escala, para gentes de
la propia Ronda” Dejando aparte la actual ermita moderna, remozada y
primorosamente cuidada, por la Hermandad de la Virgen de la Cabeza,
adosada al conjunto monumental, la iglesia mozárabe propiamente dicha,
consta de una “nave central” y tres naves laterales. Y siguiendo esas
características del arte mozárabe estas naves no están paralelas a la
central sino “perpendiculares” a ella. Es decir que desembocan a
ella. Así, su interior se mantiene fiel a los postulados de tal
arquitectura mozárabe en cuanto a la complejidad del trazado y a la
dicha búsqueda de los ejes quebrados. En los estudios técnicos de
Puertas Tricas, constituiría un conjunto con una superficie total de
272’02 m2, divididos
en los 156’36 del templo y los 115’66 de las viviendas y anexos. Como
síntesis de su distribución espacial tendríamos: La Nave Central, que
presenta una planta ligeramente trapecial con sus caras orientadas según
los rumbos O.NO, E.SE, S.SO y N.NE y con unas dimensiones respectivas de
5´25, 4´60, 12´40, y 12´40 metros. La Nave del S.SO o Lateral izquierda,
con una planta también trapecial y que contiene un altar en forma de
hornacina. Alberga el arco que se comunica con la Nave Central. El lado
orientado al O.NO. está formado enteramente por una pared rocosa de 5.90
metros, a la cual y en toda su longitud se encuentra adosado un banco de
fábrica de 0´40 m. de ancho. La Nave Secundaria del Norte alberga la
sacristía. El vano que comunica esta nave con la central, mide en el
umbral mide 4¨35 metros. La Nave del Norte o Lateral Derecha. tiene una
longitud de 9´25 m. y se abre al lado N.NE de la central por un vano que
tiene 2´10 m.. En esta nave, un escalón marca el comienzo de la zona
dedicada al altar, con una escalera con cuatro peldaños.La planta de la
zona destinada al altar, separada del resto por el escalón citado, tiene
igualmente una forma trapecial.
Justamente debajo de la zona del altar se encuentra una
cripta, a la que se accede por una escalera de 7 peldaños y cuya planta
presenta tres partes. Esta somera descripción—siempre según el estudio
del profesor Puertas-- comprende la parte dedicada al culto. Zona de
habitaciones monásticas. Esta zona arranca de uno de
los vértices de la nave central y su eje longitudinal es una línea
quebrada, pero, con una dirección media sensiblemente Sur-Norte. Los
primeros siete metros de dicho eje longitudinal, son un pasillo de forma
irregular comprendido entre las caras externas del lado más occidental
de la ermita de nueva fábrica y las del más oriental de la nave que
alberga la cripta ya descrita. Aún prosigue este pasillo otros 4´50
metros siendo su pared más occidental la parte externa de los núcleos
rocosos que conforman el lado oriental de la zona dedicada a altar de la
nave de la cripta Ahora, la parte oriental está compuesta por núcleos
rocosos aislados entre sí. Estos núcleos, dos de ellos también en forma
de trapecio, en conjunto disimétricos, alojan a tres habitáculos de
diferente tamaño Existen otras estancias de servicios comunes. Bajo el
punto de vista de la belleza panorámica habría que destacar los
exteriores del eremitorio, columpiados sobre las perspectivas de la
ciudad de Ronda. Y existe en uno de estos miradores, un pequeño
habitáculo con una gran cruz latina grabada
hondamente en su frontal, que normalmente no entra en las descripciones
del recinto, pero que bien pudiera ser, o una celda de aislamiento,
voluntario o de carácter disciplinario, al servicio de la comunidad, o
acaso un depósito de cadáveres previos a su inhumación.
LA IGLESIA DE LA OSCURIDAD
Dentro del estudio comparativo que hace Puertas
Tricas de las iglesias rupestres de la provincia de Málaga, la llamada
de la Oscuridad de Ronda, sería con la de Bobastro, en las Mesas de
Villaverde, una de las dos con
cabecera triple. Igualmente, ateniéndonos a este estudio, con tres naves
principales tendríamos las de la Cabeza en Ronda, la de Coín y la de
Archidona. Y de nave única serían las de Alozaina, Pizarra y Villanueva
de Algaida. También y pendiente de un estudio adecuado, como de nave
única estaría la de Cortes de la Frontera, como hemos dicho, conocida
actualmente en el entorno de su ubicación como “La casita de piedra”.
El conjunto de la Oscuridad está compuesto por un gran
espacio o nave central comparable a un rectángulo de dimensiones 10 X 8,
con sus lados mayores orientados a N. y S. Y los menores a E. y O. Por
el lado Sur de este rectángulo se abren los vanos de comunicación con el
exterior. Actualmente, subsisten dos pilares rocosos que dan paso a un
crucero tripartito y a una cabecera con tres ábsides que nos indican que
nos encontramos ante una iglesia basilical. La iglesia consta de un
anexo intercomunicado, con dos cavidades situadas a distinto nivel, que
han debido servir de necrópolis, hoy totalmente
saqueadas. En total registra unas dimensiones totales de 197.10 m2, de
los cuales 145.50 m2 corresponderían a la iglesia y 51.60 m2 , a los
anexos. Desde el punto de vista topográfico, nos encontramos ante una
iglesia claramente suburbana, y por lo tanto muy próxima al casco de la
Ronda medieval. Hoy, el conjunto está totalmente integrado en el
urbanismo de la ciudad.
Según el Prof. Puertas, teniendo en cuenta su nave
central, se podría pensar que se trata de una iglesia simple y
relacionarse con iglesias como las de Alozaina, Villanueva de Algaidas y
Pizarra. Sin embargo, los pilares rocosos, el crucero tripartito y la
cabecera con los tres ábsides, podrían ser relacionables con la iglesia
de las Mesas de Villaverde (Bobastro). Luego, hay que tener en cuenta
que la superficie de la iglesia está ocupada en tres cuartas partes por
la zona litúrgica o cultual, y que la zona de habitación sólo pudo
albergar a un reducidísimo número de eremitas. También se puede pensar
que se trata de una iglesia que sirviera a la comunidad mozárabe de
Ronda para todo tipo de funciones: quizá parroquiales, cementerial,
etc., con lo que se pregunta Puertas Tricas, si no podríamos
encontrarnos ante la principal o ante una de las principales iglesias de
la Ronda medieval. La cronología queda apuntada como de los siglos IX o
X, si bien no se descartaría ni un origen eremítico anterior, ni una
perduración
posterior. De acuerdo con estos valiosos estudios, el mozárabe rondeño
estaría constituido por dos iglesias rupestres: la de la Virgen de la
Cabeza, en un área suburbana de la ciudad, y esta de la Oscuridad, en su
origen, relativamente alejada del casco urbano y en la actualidad
plenamente integrada ya en el mismo, en la barriada conocida como Las
Peñas, al Noreste de Ronda.
Francisco Garrido
De la Real Academia de San Telmo
BIBLIOGRAFIA BASICA
-R.Dozy.- Levi-Provencal- ”Histoire des Musulmanes
d’Espagne”. Leyde 1932
-Rafael Puertas Tricas.”Un asentamiento mozárabe en la zona de
Alozaina”. Málaga 1982.
-Rafael Puertas Tricas. “Exploraciones en iglesias rupestres de
Ronda” Málaga 1988.
-Francisco Rodríguez Martínez. “La serranía de Ronda”. Estudio
Geográfico. Málaga 1977
-Torres Balbás. Tomado de J.de M.” Carriazo “En la frontera de
Granada” Sevilla 1971.
-José Fernández Arenas. “Imagen del arte mozárabe”
Ediciones Polígrafa. Barcelona.
-Francisco Garrido “La Ronda de ayer” Málaga 1994.
-De las Cagigas. “Los Mozárabes”. Instituto de Estudios
Africanos. Madrid 1947.
-Gómez Moreno. “Arte Mozárabe” Ars Hispaniae.
Madrid.
-Roger Collins. “España en la alta edad media” Ed.
Critica. Barcelona. 1985
-Ramón Sánchez Díaz. Servicio Histórico Militar. “Los
encastillados de la Reconquista: Omar Ben Hafsun”
Madrid 1973
-J.Vernet. “La cultura hispanoárabe en Oriente y
Occidente”. Barcelona,1994
Fotografías: Cortesía de José Luis Rodríguez Molina.
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